
Supongo que mi trabajo no incluía anunciar la muerte de Peter a su padre, si es que aún no lo sabía. Pero antes de descartar por completo que mi cliente era John Thayer, tenía que conseguir una foto suya. «Aclara las dudas cuanto antes» es mi lema. Me mordí los labios mientras pensaba dónde podría encontrar una foto de este hombre sin causar demasiado alboroto.
Cerré el despacho y crucé el Loop para llegar a Monroe con La Salle. El banco Dearborn ocupaba cuatro edificios enormes en esta intersección. Me decidí por el que tenía letras doradas en la puerta y le pregunté al guarda dónde estaba el Departamento de Relaciones Públicas.
– Piso 32 -masculló-. ¿La están esperando?
Le dediqué mi sonrisa más angelical, le contesté que sí y me escurrí hasta el piso 32 mientras él apuraba un cigarrillo.
Las recepcionistas de Relaciones Públicas van siempre impecables, engominadas y vestidas a la última. El mono ajustado de color lavanda que llevaba ésta tenía todos los números de ser el modelito más extravagante del banco. Me ofreció una sonrisa falsa y una copia del último informe anual. Le devolví la sonrisa falsa, cogí el ascensor, saludé al guarda con la cabeza y salí como si tal cosa.
Mi estómago todavía se quejaba, así que me llevé el informe al Rosie para hojearlo al mismo tiempo que tomaba café y helado. John L. Thayer, vicepresidente ejecutivo del Banco Fiduciario Dearborn, aparecía en la primera página junto a otros peces gordos. Delgado, con la piel bronceada y el típico traje gris de banquero; no tenía que verlo bajo una luz de neón para darme cuenta de que no se parecía en absoluto a la visita de la noche anterior.
Me mordí el labio inferior otra vez. La policía estaría interrogando a todos los vecinos. Pero yo tenía una pista que ellos no tenían: los cheques. La compañía de seguros Ajax estaba en el Loop, no muy lejos de donde me encontraba ahora. Eran las tres de la tarde: todavía estaba a tiempo de hacer una visita de negocios.
