– Me considero más un hombre de donuts, aunque jamás me he topado con un brownie que no me gustara.

Ella cerró los ojos y soltó un suspiro extasiado que no hizo nada para aliviar el estrangulamiento que sentía él en los pantalones.

– Donuts y brownies -murmuró ella con tono sexy-. Mis favoritos. En especial cuando, están recién salidos del horno. ¿Alguna otra debilidad?

– Sí, los ojos castaños claros, grandes, con apestañas largas y hoyuelos en las mejillas. ¿Y tú?

– Yo siempre he tenido algo por los ojos azule, el pelo oscuro… y los amantes de los donuts.

– Creo que eso me convierte en el tipo más afortunado del planeta.

Y pensó que le encantaría que le preguntara qué quería en la vida, porque no le costaría resumirlo en una única palabra-: «Tú». Pero ella no lo preguntó. De hecho; permaneció en silencio, con la mirada clavada en sus ojos mientras despacio le acariciaba la extensión del dedo corazón. La caricia seductora, combinada con esos ojos hermosos que lo estudiaban, lo hipnotizó.

– Aunque tampoco puedo descartar los brownies caseros con doble ración de helado y chocolate.

– ¿Doble ración de helado y chocolate? ¿Están tan buenos como suenan?

– Es como un orgasmo de brownies.

Sintió como si acabara de encender un soplete y lo hubiera achicharrado con él.

– Suena… delicioso.

– Como nada que hayas probado antes.

– Me gusta probar cosas nuevas -por su mente centelleó una imagen de él lamiéndole el cuerpo-. ¿Existe la posibilidad de que compartas la receta?

– Bueno, supongo que podría dártela -sonrió-. Pero luego tendría que matarte.

– Te das cuenta de que me estás abocando a un futuro lamentable, lleno de brownies comprados en los supermercados.



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