
Apartó los ojos de los suyos y volvió a estudiarle la palma.
– Ohhh. Muy interesante.
– ¿Voy a ganar la lotería?
– No estoy segura acerca de la lotería, pero parece que muy pronto vas a ser muy afortunado.
– ¿Cuánto de afortunado?
– Te veo con una mujer. Te sientes muy atraído por ella.
Él sonrió.
– Esto se te da muy bien.
– Y también ella se siente muy atraída por ti.
– Las cosas no dejan de mejorar.
– Ella lleva puesto un vestido rojo. Estáis sentados cerca en un rincón íntimo, compartiendo una botella de vino.
– ¿Tinto o blanco?
– Ella prefiere blanco. Te está diciendo que quiere hacer realidad todos tus sueños más sensuales. Y tú le dices que le quieres devolver el favor.
Él se adelantó hasta que sólo quedaron separados por unos quince centímetros.
– Es una conversación llena de posibilidades, y decididamente una declaración que me gustaría oír de labios de ella. Y contestarle del mismo modo. ¿Ese rincón íntimo podría estar situado en el bar del Marriott, donde me alojo?
– De hecho, creo que sí.
– ¿Y esa diosa del vestido rojo me dirá esas cosas hoy, alrededor de la medianoche?
– Decididamente, es una posibilidad.
La puerta de la tienda se abrió y el joven encargado de recaudar el dinero dijo:
– Se acabó el tiempo.
Ella se reclinó en su silla y despacio le soltó las manos.
– Tu tiempo se ha acabado.
Podría haberse quedado donde estaba, mirándola, tocándola, charlando con ella durante horas.
– ¿Qué te parece si le doy al encargado otro billete de cinco? ¿O uno de diez, o de veinte?
Le sonrió y lo reprendió moviendo un dedo.
– Lo justo es justo, y hay otros clientes esperando. Además, no es necesario. Tengo la premonición de que tu lectura se hará realidad.
– Bien. De lo contrario, me vería obligado a regresar para exigir que me devolvieran el importe de la entrada -le tomó la mano, se la llevó a los labios y besó la piel cálida y aterciopelada del interior de la muñeca. Tenía un delicioso olor a canela y vainilla. Y le encantó el modo en que sus ojos se oscurecieron con el gesto-. Estaré esperando en el bar del Marriott a medianoche a mi mujer del vestido rojo. Y podrá estar segura de que haré realidad todos sus sueños sensuales.
