– Y este fin de semana es perfecto -convino Gloria-. Esta noche vamos al partido de béisbol y mañana nos divertiremos mucho trabajando en la Gala de la Feria Infantil para recaudar fondos… las dos son oportunidades perfectas para estudiar los talentos masculinos disponibles. Y luego está la cena que va a celebrar Marcus Thornton el domingo en su casa del lago… aunque ahí no hay potencial alguno, ya que todos serán compañeros de trabajo, pero nos divertiremos.

Riley bebió un sorbo de café y asintió. El partido de los Braves esa noche. Como gran aficionada al béisbol, tenía ganas de verlo, y también le apetecía ir a la casa del presidente el domingo por la noche. Aparte de que al día siguiente estaba la feria anual que organizaba Prestige para recaudar fondos para los niños necesitados, un acontecimiento importante que ya llevaba veintitrés años celebrándose por iniciativa del fundador de Prestige, Marcus Thornton, y en el que muchos de los empleados de la empresa trabajaban como voluntarios. El del año anterior había recaudado cuatrocientos mil dólares.

– Tengo ganas de que llegue la feria -Riley sonrió-. Hay todo tipo de oportunidades de conocer a hombres solteros, y más este año, que voy a ocupar la tienda de la adivina. Nunca se sabe quién puede presentarse para que le lea el porvenir.

– Eres afortunada. A mí me ha tocado el puesto de algodón de azúcar, así que sólo veré a niños. A la primera oportunidad que me surja, me presentaré en tu tienda. Quiero saber si debo esperar al Príncipe Encantado… o la manzana envenenada.

Riley se llevó los dedos a las sienes y cerró los ojos.

– Sólo veo cosas buenas en tu futuro. Tartas de queso que no forman celulitis. Helados y brownies sin calorías. Zapatos nuevos fabulosos.

– Mmm. Todo bueno. Pero, ¿qué me dices del sexo? -preguntó Gloria sin poder contener un tono de esperanza-. ¿Ves algo de sexo en el horizonte?



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