
Riley abrió los ojos y adoptó una voz seria.
– Madame Que Todo Lo Ve visualiza mucho para usted. Pero para averiguarlo tendrá que esperar y visitar mañana mi tienda -le guiñó un ojo-. Y pagar los cinco pavos como todos los demás.
– Habló la voz de la contable. ¿Y qué predice para sí misma Madame Que Todo Lo Ve?
Riley volvió a llevarse los dedos a las sienes.
– Mmm, veo un… renacimiento. Veo que la cautela y el conservadurismo son desterrados. La llegada del atrevimiento y la audacia. Veo… sexo. Sí, mucho sexo ardiente y sudoroso con un hombre guapo que no empleará las palabras «aburrida y sosa».
– ¡Eh… ésa es la lectura que quería yo! Exijo una devolución del importe pagada.
– Aún no has pagado.
– Oh, bueno, cuando lo haga, quiero una lectura como la tuya. No he tenido una cita en casi un mes.
Riley no señaló su estadística todavía más deprimente… hacía tres meses que no había tenido una cita. Alzó el mentón con aire de determinación.
– He esperado mucho tiempo para recuperar mi vida, y estoy dispuesta a asumir mi espíritu divertido y aventurero. De hecho, me siento como una carga de dinamita a punto de estallar. Lo único que necesito es encontrar al hombre adecuado que encienda la mecha -alzó la taza de café en gesto de saludo-. Por un comienzo nuevo. Por nosotras dos… las solteras. Llenas de aventura, osadía y diversión. Fuera el aburrimiento.
– Y el abatimiento -convino Gloria, alzando su propia taza.
Sintiéndose más libre que en mucho tiempo, Riley sonrió.
Capítulo 1
Jackson atravesó despacio el Piedmont Park de Atlanta, disfrutando de las vistas y los sonidos de la feria Infantil organizaba por Prestige. Globos de colores, los chillidos entusiasmados de los niños que arrastraban a sus padres hacia los puestos de los juegos, el giro del tiovivo, la montaña rusa, la noria, los aromas tentadores que flotaban en el aire procedentes de los puestos de comida… era una operación enorme, y a juzgar por la multitud asistente, de mucho éxito.
