– Sí -contestó con acidez. Lo miró con hartazgo, pero él ni siquiera parpadeó.

– De hecho, en los dos pulmones.

– ¡Sí! -exclamo, irritada.

Bliss sintió deseos de golpearlo con algo y lo miró con ganas de asesinarlo. Se dio cuenta de que era un hombre que necesitaba satisfacer su curiosidad. Bliss aún no quería que Erith y Dom supieran que estaba tan cerca de ellos, y se percató de que, si no contestaba las preguntas de Quin Quintero, éste tal vez se lo preguntaría cuando viera a su cuñado. Y Bliss no deseaba ser mencionada en absoluto.

– Y, como usted insiste en saberlo -estaba acalorada-, tuve una recaída. Volví a trabajar demasiado pronto, pesqué otro resfriado muy fuerte y tuve que regresar del trabajo a casa.

– Y, de hecho todavía está fuera del trabajo con permiso por enfermedad -sugirió él.

– No, es decir… -recordó que el doctor Lawton nunca le confirmó que ya podía volver a su empleo-. Bueno, de cualquier modo, ya estoy bien ahora -aclaró, tajante.

Bliss tenía una tez pálida, para no decir translúcida, que combinaba muy bien con su cabello rojo y fue muy admirada antes. Sin embargo, Quin Quintero la observó con detenimiento y no hubo admiración en sus ojos ¡Claro que ella no deseaba que la admirara! Esperó que él hiciera algún comentario acerca de su palidez, así que sintió alivio cuando cambió de tema, como si estuviera tan aburrido como Bliss por su salud.

– ¿En qué trabaja?

– En una biblioteca -al parecer, ese hombre no lo sabía todo acerca de ella. Ya estaba harta de ser el blanco de sus preguntas. Cuando pensó en algo que desviara la charla, de pronto se le ocurrió algo que la alarmó-. Usted no tiene intenciones de ir a Jahara, ¿verdad? -estaba ansiosa y lo miró con preocupación.

– Veo que hablaba en serio al decir que consideraba que la pareja de recién casados estaba todavía de luna de miel -comentó él.

– ¿Irá? -insistió Bliss cuando no recibió respuesta.



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