Bliss se preguntó si el saludo que intercambiaron sería toda la conversación que existiría entre ambos. Pero, tan pronto como el avión despegó, Quin Quintero inquirió con cortesía:

– ¿Va a Jahara?

– Puede que vaya -contestó con más honestidad de la que quiso.

– ¿Irá Dom por usted al aeropuerto?

– Dom y mi hermana decidieron tener una luna de miel de tres meses -explicó Bliss-. Por supuesto que iré a Jahara a saludarlos antes de volver a Inglaterra pero como considero que ellos deben tener intimidad en su luna de miel, no quiero hacerles sentir que tienen que pasearme por todas partes.

Quin la miró sin decir nada, archivando los comentarios de ella.

– Parece que está interesada en la arqueología, ¿verdad?

Bliss supuso que Dom fue quien se lo dijo. Parecía que su cuñado le había hecho una descripción más profunda que “dulce, gentil y con una personalidad agradable”.

– Así es -comentó sin explayarse más-. ¿Usted también vive cerca de Cuzco? -trató de que el tema de conversación no se centrara en ella. Recordó que Erith le dijo que Quin Quintero vivía en la costa y Cuzco estaba situado tierra adentro.

– No -no añadió nada más acerca de dónde vivía, ni del motivo por el cual iba a Cuzco. Sin embargo, después de un momento, retomó el tema anterior-. Dom me contó que usted estuvo enferma hace poco.

– Tuve pulmonía -Bliss deseó que Dom no le hubiera contado tantas cosas sobre ella. Se daba cuenta de que ese hombre no cejaba una vez que deseaba conocer todos los pormenores de un asunto.

– Supongo que con las medicinas de hoy en día, la pulmonía tan sólo es algo más grave que una fuerte gripe, ¿no es cierto?

– Así es.

– Pero usted tuvo una pulmonía muy fuerte.



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