
Luego, Bliss pensó en el dinero para financiar su aventura. Tampoco le pareció que eso fuera un problema. Su padre y Jean, su madrastra, le regalaron mucho dinero en su cumpleaños y, como hacía cuatro meses que ella estaba bastante enferma, no había gastado su salario.
Además, tenía sus ahorros. Recordó cómo ella, Erith, su padre y Jean reunieron sus recursos para poder pagar el viaje de Erith a Perú y que ésta buscara a Audra. Bliss sonrió al recordar cómo su encantador cuñado señaló que, puesto que ellos fueron muy generosos al reunir el dinero suficiente para enviarle a su adorada Erith, lo menos que él podía hacer era devolver cada centavo.
Al parecer, Dom era muy rico y se pasó horas en discusión privada con el padre de las chicas. Sin embargo, fue Erith quien le comentó a Bliss que Dom quería enviarle dinero.
– No lo necesito -protestó Bliss-. Dom ya insistió en que tomara el dinero que aporté para tu viaje a Perú… cualquier otra cosa sería tomar ventaja.
– Le dije a Dom que eso dirías -rió Erith.
Bliss no estuvo segura de cuál sería la reacción de su familia al enterarse de que se iría a Perú, mas como creía tener el dinero suficiente, se lo anunció a la mañana siguiente.
– ¿Crees que ya estás bien? -se asustó su madrastra.
– Me siento restablecida -afirmó Bliss con una sonrisa amable, harta ya de que se la tratara como a un inválida.
– Hazle saber a Erith la fecha de tu llegada -intervino el padre y Bliss buscó la forma de no decirle una mentira.
– Se la avisaré en el momento en que yo sepa a qué hora llegaré a Cuzco -le aseguró la chica… y, dos semanas más tarde, salió de Inglaterra y fue a Perú.
