
– Ya. Bueno, si a los dos os gusta, eso es todo lo que importa -dijo Cal-. ¿Cuándo vais a mudaros?
Mike miró la monstruosidad de casa que su padre le había regalado. Ni siquiera le había consultado antes de hacerlo porque sabía cuál sería la respuesta. El viejo zorro había dejado que Willow hiciera el trabajo sucio por él. Y como a ella le había encantado el regalo, Mike había tenido que tragarse un «no, gracias, papá». No podía rechazar aquel regalo.
Dándose cuenta de que Cal lo estaba mirando con cara de preocupación, Mike intentó sonreír.
– La casa estará lista cuando volvamos de la luna de miel.
– No pareces muy… -su amigo dudó, como buscando la palabra apropiada- optimista -dijo por fin. Pero Mike no aceptó la invitación para sincerarse-. Muy bien. Seguro que Willow y tú podéis vivir sin moqueta durante un mes. Y no hay prisa en amueblar la habitación de los niños -añadió, intentando aliviar la tensión- A menos que haya algo que no me has contado. Eso explicaría el retorno del hijo pródigo.
– Mi padre estuvo unos días en el hospital. Por eso volví -explicó Mike-. Nunca fue mi intención quedarme en Melchester.
– Hasta que conociste a Willow -asintió Cal-. ¿Sabe ella que no piensas seguir con el periódico? Solo lo pregunto porque cuando estuvimos tomando una copa la semana pasada, tuve la impresión de que te veía como el empresario del año -añadió-. No le has contado lo de Maybridge, ¿verdad?
– Ocúpate de tus asuntos, Cal.
– Voy a ser testigo de tu boda. Esto es asunto mío.
– Ya la conoces. Willow pertenece a una de las mejores familias del país. Solo estaba haciendo tiempo escribiendo artículos de sociedad en el periódico hasta que uno de los amigos de su padre le ofreciera convertirse en Lady Algo.
– ¿Perdona? ¿Has leído algo de lo que tu novia escribe en el periódico?
– Vivo con el Chronicle, Cal. Pero no estoy preparado para dormir con él -murmuró Mike-. Bueno, vale. Si dieran premios por escribir sobre la Asociación de Jardines locales, ella se los llevaría todos, pero supongo que entenderás por qué no le he pedido que se instalara en mi taller de Maybridge y viviera de lo que gano con mis propias manos.
