– He leído informes sobre la situación -dijo Chen-. Al fin y al cabo, ¿para qué estamos los policías?

– Bueno, un amigo mío estuvo empleado cobrando deudas para una compañía dirigida por el Estado en la provincia de Anhui. Según decía, él depende totalmente del método sucio, el método de las tríadas. Actualmente no hay demasiada gente que crea en la policía.

– Ahora que esto ha ocurrido en el corazón de Shanghai, en el parque del Bund, no podemos quedarnos con los brazos cruzados -dijo Chen-. Esta mañana estaba por casualidad en el parque. Era mi destino. Así que déjeme hablar de ello con el Secretario del Partido. Al menos haremos un informe y enviaremos una nota con el retrato de la víctima. Tenemos que identificarla.

Cuando por fin los empleados de la funeraria se llevaron el cadáver, el inspector jefe y su ayudante regresaron al malecón, y se quedaron allí con los codos apoyados en la baranda. El desierto parque tenía un aspecto extraño. Chen sacó un paquete de cigarrillos Kent. Encendió uno para Yu y otro para él.

– «Sabes que no se puede hacer, pero tienes que hacerlo de todos modos.» Es una de las máximas de Confucio que recitaba mi difunto padre.

Yu dijo en tono conciliador:

– Decida lo que decida, estoy con usted.

Chen entendió el razonamiento de Yu, pero no quería hablar del suyo. El significado sentimental que el parque del Bund tenía para él era íntimo. Existía cierta justificación política para que se hiciera cargo del caso. Si estaba involucrada una banda asesina organizada, como sospechaba, podía afectar a la imagen de la ciudad. En las postales, en el cine, en los libros de texto y en sus propios poemas, el parque del Bund simbolizaba Shanghai. Como inspector jefe era responsable de preservar la imagen de la ciudad. Lo fundamental era que había que investigar el asesinato cometido en el parque, y él estaba allí.



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