
– ¿Aquí? -preguntó Yu, sin saludar formalmente a su jefe.
– Sí, aquí.
Yu empezó a hacer fotografías desde diferentes ángulos. Se arrodilló junto al cuerpo, hizo primeros planos y examinó las heridas con atención. Se sacó una cinta métrica del bolsillo de los pantalones y midió los cortes de la parte frontal del cadáver antes de darle la vuelta para examinar las heridas de la espalda. Entonces Yu miró a Chen por encima del hombro.
– ¿Alguna pista respecto a su identidad? -preguntó.
– Ninguna.
– Asesinato de la Tríada, me temo -dijo Yu.
– ¿Por qué lo cree?
– Mire las heridas. Heridas de hacha. Diecisiete o dieciocho. No son necesarias tantas. El número puede tener un significado específico. Es una práctica corriente entre los gánsteres. El golpe en el cráneo habría sido más que suficiente -Yu se puso en pie y se guardó la cinta métrica en el bolsillo-. La longitud media de las heridas es de seis o siete centímetros. Esto indica una mano firme con mucha fuerza. No es un trabajo de aficionados.
– Buenas observaciones -señaló Chen asintiendo-. ¿Dónde cree que tuvo lugar el asesinato?
– En cualquier lugar menos aquí. El tipo aún va en pijama. El asesino debió de traer el cuerpo como aviso especial. Es otra señal de un asesinato de la Tríada; para enviar un mensaje.
– ¿A quién?
– Tal vez a alguien en el parque -dijo Yu-, o a alguien que se enterará enseguida. Para que la noticia se difunda rápida y extensamente no hay mejor lugar que el parque.
– Entonces ¿cree que dejaron el cadáver aquí para que lo encontraran?
– Sí, eso creo.
– ¿Y cómo vamos a empezar?
Yu hizo una pregunta en lugar de responder.
– Jefe, ¿tenemos que ocuparnos del caso? No estoy diciendo que el departamento no deba hacerse cargo de él, pero si no recuerdo mal, nuestra brigada de casos especiales sólo se ocupa de casos políticos.
