Pero eso no cambiaba nada, se dijo a sí mismo. Divorciada o no, lo habían contratado para que hiciera un trabajo y pensaba hacerlo. Excepto… Maldijo en silencio. Había algo en la desesperación de Madison que conseguía removerle las entrañas. Y la experiencia le había enseñado a no ignorar nunca aquel sentimiento. Madison debió de advertir su renovada atención, porque comenzó a hablar rápidamente.

– Lo dejé hace casi dos años. Se pasó los seis primeros meses intentando convencerme de que volviera y el año siguiente intentando impedir que nos divorciáramos.

– ¿Por qué estaba tan interesado en conservar una mujer que quería divorciarse?

– Por dinero.

– Eso ya lo ha dicho antes, pero su ex está cargado de dinero.

– No, no tiene tanto dinero. Su forma de vida implica muchos gastos. Además, anda metido en algo grande. No sé lo que es, sólo le he oído hablar de ello con mi padre.

– ¿No se llevó una buena cantidad de dinero después del divorcio?

– No. Habíamos firmado un acuerdo prematrimonial -sonrió por primera vez-. Además, yo tampoco tengo tanto dinero. El dinero de la familia está vinculado a Adams Electronics. Mi padre es el principal accionista, no yo. Christopher se quedó con la que era nuestra casa.

– Su padre y él están trabajando juntos en algo. Lo averigüé en mi investigación.

– Sí, lo sé, pero no he hablado mucho con mi padre al respecto. Intenté convencerlo de que dejara de hacer negocios con Christopher, pero no me hizo caso. De hecho, todavía no comprende cómo he podido divorciarme de un hombre tan bueno.

Inclinó la cabeza, dejando al descubierto la cicatriz que marcaba su rostro. ¿Por qué conservaría una mujer tan hermosa una cicatriz como aquélla? Tenía dinero suficiente para pagarse los mejores cirujanos plásticos del mundo.

– Él planeó el secuestro para conseguir dinero. No creo que hubiera otra compañía buscándome. Estoy segura de que eso se lo dijo a mi padre para no preocuparlo.



11 из 135