
Shea contuvo una risa histérica que amenazaba con dominarla.
– No -sacudió la cabeza-. No, no. Es una especie de primo. Por matrimonio.
– Oh.
David siguió mirándola de forma interrogante y ella tragó saliva para aclararse la garganta.
– Era familia de Jamie, mi marido.
– Ya entiendo. Supongo que Alex Finlay ha estado fuera.
– Sí. Se fue de Byron Bay antes de que Jamie y yo nos casáramos.
– Ah. Eso debió de ser hace muchos años. Es sorprendente que lo hayas reconocido si no lo has visto desde entonces.
El dolor sacudió a Shea, atenazándole el corazón. No estaba preparada para verlo esa noche. Ni ninguna otra, para el caso.
– ¿Ha cambiado mucho? -preguntó David.
– Parece un poco más viejo.
La sonrisa de David estaba cargada de satisfacción.
«Pero no está viejo» Shea apretó con fuerza los labios para que no le salieran las palabras. «Sólo tiene treinta y dos años. Cuatro más que yo. Once años más de los que tenía la última vez que lo vi».
El pánico la asaltó. La última vez que lo había visto… ¡No! No quería pensar en eso. No debía.
– Todos lo estamos -dijo sin entonación mientras Rob Jones llamaba al orden y presentaba a Alex a toda la audiencia.
Alex tomó la palabra y Shea intentó con todas sus fuerzas concentrarse en lo que estaba diciendo, pero el sonido de su voz tenía penosos recuerdos. Su mente le oía hablar de concejales y peticiones al ayuntamiento. Sin embargo, sus otros sentidos, más pérfidos, deseaban abandonarse a la excitación, puramente sibarita del sonido, algo muy poco típico en ella.
Varios miembros de la audiencia le hicieron preguntas a Alex mientras Rob echaba un vistazo a su reloj.
– El tiempo se nos ha echado encima, así que creo que será mejor que demos por acabada esta reunión. Anunciaremos la fecha de la próxima de la manera habitual. Y mientras tanto, aceptaremos el consejo de Alex y llevaremos nuestras preocupaciones a la junta de concejales del ayuntamiento mañana por la noche. Hasta la próxima reunión.
