Y también había sabido que Alex había sentido exactamente lo mismo que ella mientras que la mirada extrañada de Jamie había mostrado que él también se había dado cuenta.

Así que aquí estaban dieciséis años más tarde. Cara a cara. Y habían pasado tantas cosas en ese período de tiempo… Pero su maravilloso comienzo había terminado en aquella fría tarde otoñal once años atrás. Once años. No había vuelto a verlo desde entonces. Y ahora…

La mirada de sorpresa de ella captó el cambio experimentado en él, enviando mensajes a aquella parte de lo más hondo de su memoria que había almacenado todos los recuerdos de él. Si la actual relación ante su presencia era alguna señal, ella podría seguir siendo la misma adolescente de entonces. Y su respuesta ante su aparición repentina la llenaba de horror. Tendría que admitir que no tenía nada que ver con una sorpresa inesperada ante una llegada no anunciada.

El ruido de la reunión remitió y la multitud se desvaneció en el fondo mientras sus miradas se encontraban.

Después de que pasara aquella momentánea pausa, el pasó por delante de ella avanzando hasta la mesa principal para darle la mano a Rob, el moderador.

– Rob Jones, ¿te acuerdas de mí? Alex Finlay.

El otro hombre esbozó una sonrisa al recordarle.

– Vaya, vaya. Alex Finlay. Después de tantos años. ¿Cómo podría olvidar al ganador de la final de fútbol? No hemos vuelto a ganar ningún partido importante desde que tú te retiraste.

Unos cuantos hombres más se unieron y estrecharon la mano de Alex por turno, dándole palmadas en la espalda y la bienvenida a uno de los hijos predilectos de la ciudad.

Y Shea se desplomó lentamente en su silla, sabiendo que todo lo que tanto había temido se había hecho realidad. La misma persona que había dado la vuelta a su vida de joven, había vuelto para acabar con su ordenado mundo.

– ¿Quién es? -preguntó David a su lado-. ¿Lo conoces, Shea? Todo el mundo parece conocerlo-. ¿Finlay? -arqueó las cejas y volvió la mirada intensa hacia ella-. No será pariente tuyo, ¿verdad?



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