
Se instaló en un banco para redactar la carta que guardaba junto al corazón. Cuando estuvo casi terminada, volvió a cerrar el sobre de papel de Rives sin pegar la solapa y se lo metió en el bolsillo. Consultó la hora y volvió al hotel.
El taxi no iba a tardar, su avión despegaba dentro de tres horas.
Aquella noche, al término de la larga ausencia que él mismo se había impuesto, estaría de vuelta en su ciudad.
Capítulo 1
Elcielo de la bahía de San Francisco era de un rojo carmesí. A través de la ventanilla, el Golden Gate emergía de una nube brumosa. El aparato se inclinó en la vertical de Tiburón, fue perdiendo altitud rumbo al sur y viró de nuevo sobrevolando el San Mateo Bridge. Desde el interior de la cabina, daba la impresión de que iba a dejarse deslizar de este modo hacia las salinas que resplandecían con mil destellos.
El Saab cabriolé se coló entre dos camiones y cortó tres carriles en diagonal, ignorando las señales de los faros de algunos conductores descontentos. Abandonó la Highway 101 y logró coger por los pelos la carretera que conducía al aeropuerto internacional de San Francisco. A los pies de la rampa, Paul aminoró la velocidad para comprobar la ruta en los letreros indicativos. Blasfemó tras equivocarse de enlace y dio marcha atrás durante más de cien metros, con el fin de encontrar la entrada del aparcamiento.
En la cabina del piloto, el ordenador de a bordo anunciaba una altitud de setecientos metros. El paisaje volvía a cambiar. Una multitud de torres, que rivalizaban en modernidad, se recortaba en la luz del sol poniente. Los alerones se desplegaron, aumentando la superficie del aparato y permitiéndole reducir aún más su velocidad. El ruido sordo del tren de aterrizaje no tardó en dejarse oír.
En el interior de la Terminal, el panel luminoso indicaba que el vuelo AF 007 acababa de aterrizar. Paul salió sin aliento de la escalera mecánica y se precipitó por el pasillo. El mármol era resbaladizo y derrapó en la curva, apenas consiguió agarrarse a la manga de un comandante de vuelo que caminaba en sentido contrario, casi no tuvo tiempo de disculparse y volvió a su loca carrera.
