Don tendió la mano para tomar el receptor, pero Percy negó con la cabeza.

—Es para la abuela.

Sarah pareció sorprendida mientras aceptaba el teléfono. El aparato, tras reconocer sus huellas dactilares, automáticamente subió de volumen.

—¿Diga?

Don la observó con interés, pero Carl hablaba con Emily mientras Ángela se aseguraba de que sus hijos tuvieran cuidado con las bebidas.

—¡Oh, Dios mío! —exclamó Sarah.

—¿Qué ocurre? —preguntó Don.

—¿Estás segura? —dijo Sarah, al teléfono—. ¿Estás segura de que no es…? No, no, claro que lo habrás comprobado. Lo siento. Pero… ¡Dios mío!

—Sarah —insistió Don—, ¿qué ocurre?

—Espera, Lenore —dijo Sarah al teléfono, y luego cubrió el fonocular con una mano temblorosa—. Es Lenore Darby —dijo, mirándolo.

Don comprendió que tendría que haber reconocido el nombre, pero no pudo situarlo inmediatamente (como de costumbre, de un tiempo a esa parte) y en la cara debió notársele.

—Ya sabes —dijo Sarah—. Está haciendo un máster. La conociste en la última fiesta de Navidad del astrodepartamento.

—Bueno —dijo Sarah, y hablaba como si no pudiera creer que estuviera murmurando aquellas palabras—. Lenore dice que se ha recibido una respuesta.

—¿Qué? —dijo Carl, que ahora estaba de pie al otro lado del sillón.

Sarah se volvió para mirar a su hijo, pero Don entendió lo que quería decir antes de que volviera a hablar; sabía exactamente qué es lo que quería decir, y retrocedió tambaleándose medio paso hasta que tuvo que agarrarse a una estantería.

—Se ha recibido una respuesta —repitió Sarah—. Los alienígenas de Sigma Draconis han respondido al mensaje de radio que mi equipo envió hace tantos años.



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