– Me alegro. Pero sería una ruptura terrible.

– No fue agradable, pero lo he superado.

– ¿Seguro?

– Sí -asintió con firmeza-. Pero el mes pasado me enteré de que la empresa de Roger ha reservado el Mansión para su reunión anual. Estará aquí la semana que viene -inspiró profundamente y exhaló-. Y quería sorprenderlo.

– Ah, entiendo -apoyó la cadera en el escritorio-. Si te sirve de consuelo, puedo garantizarte que se quedará sin aliento.

– Lo dices por amabilidad -lo miró, escéptica.

– No soy tan amable. Créeme.

– Gracias -apretó los labios-. Pero no sé lo que hago. Se me dan bien el mundo de los negocios, pero el del romance me supera.

– Dime en qué puedo ayudarte.

– ¿En serio? -Kelly lo miró con interés.

– Claro -Brandon estaba dispuesto a casi todo para que las aguas volvieran a su cauce. Si Kelly se sentía segura, haría su trabajo y dejaría de preocuparse por ese payaso de Roger. Y cuando Roger se fuera, volvería a ser la Kelly con la que se sentía cómodo. Su universo volvería al orden.

– Sería fantástico -dijo ella con entusiasmo-. El consejo de alguien como tú me vendrían muy bien.

– ¿Alguien como yo?

– Es que os parecéis mucho. Tú y Roger, quiero decir. Sería una ayuda conocer tu perspectiva.

– ¿Qué quieres decir con que nos parecemos?

– Los dos sois fuertes y guapos, arrogantes y despiadados y, ya sabes, machos alfa típicos.

Era una descripción certera. Le gustaba lo de fuerte y guapo.

– No me extraña que Roger pensara que yo no era bastante para él -añadió Kelly.

– ¿Por qué dices eso?

– Él me lo dijo cuando rompió conmigo.

– ¿Bromeas?

– No -dijo ella-. Pero ya me viste antes de mi cambio de aspecto, Brandon. Sencilla, natural, sosa.



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