Él sintió un pinchazo de culpabilidad al comprender que había pensado eso mismo de ella. Pero le había parecido algo bueno. Se alegró de no haberlo dicho nunca en voz alta.

– Te hizo daño -apuntó él, estudiando su rostro.

– No, no. Me dijo la verdad y tendría que estarle agradecida por eso.

– ¿Agradecida? ¿Por qué?

– Porque me ayudó a ver las cosas con más claridad -Kelly apretó los labios.

– ¿Qué clase de cosas? -preguntó Brandon.

– Mis carencias. Por eso he decidido recuperarlo -dijo Kelly con una sonrisa resplandeciente.

– ¿Recuperarlo? -Brandon no entendía el porqué. Ni siquiera conocía a Roger y ya lo odiaba.

– Sí. Y eso explica el cambio de imagen -dijo. Después, consultó el reloj-. Dime, ¿quieres que pida el almuerzo al catering?

– Sí, muy bien. Tomaré el sándwich de ternera.

– Vale. Lo pediré.

– Kelly, si necesitas ayuda o consejo, pídemelo.

– ¿Lo dices en serio? ¿Seguro?

– No me habría ofrecido si no fuera así.

– Bueno, hay una cosita en la que podrías ayudarme, si no te importa -dijo ella, tras un breve debate interno-. Vuelvo enseguida.

Regresó veinte segundos después con una bolsa de una conocida y cara tienda de lencería. Tomó aire, sacó dos diminutas prendas transparentes y se las mostró, agitándolas ante sus ojos.

– ¿Qué prefieres? ¿Tanga negro o bragas rojas?

Capítulo 2

Él se atragantó con el café.

Kelly corrió a su lado y le palmeó la espalda.

– ¿Estás bien?

– Sí -consiguió decir él-. Estoy bien.

Estaría aún mejor cuando ella se apartara y dejara de clavarle los senos en el brazo. Era humano, su resistencia tenía un límite.

Aunque había sido atacado por algunos de los defensas más grandes de la historia del fútbol americano, ninguno había conseguido que se sintiera como en ese momento.



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