
– Sí -admitió ella.
– Confío en ti plenamente, como bien sabes.
– Lo sé. Y yo siento lo mismo, Brandon.
– Bien -dijo él, sin saber cómo seguir-. Bien.
Nunca antes se había quedado sin palabras. La miró y tuvo que desviar la mirada. ¿Cuándo se había vuelto tan bella? Conocía a las mujeres, amaba a las mujeres. Y ellas lo amaban a él. ¿Cómo no había sabido que Kelly era tan atractiva? ¿Estaba ciego?
– Brandon, ¿estás descontento con mi trabajo?
– ¿Qué? No.
– ¿Ha trabajado bien Jane en mi ausencia?
– Sí, lo ha hecho bien. Ese no es el problema.
– Bien, porque odiaría tener…
– Mira, Kelly -interrumpió él, cansado de jugar al gato y al ratón-. ¿Te ha pasado algo mientras estaba de vacaciones?
– No -se sorprendió ella-, ¿por qué piensas…?
– Entonces, ¿a qué viene este cambio? -le espetó él-. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué crees que tienes que engalanarte para…?
– ¿Engalanarme?
– Bueno, sí. Ya sabes, maquillarte y… diablos.
– ¿Está mal que intente mejorar mi aspecto?
– No he dicho eso.
– ¿Me he pasado? La mujer del mostrador de maquillaje me enseñó cómo ponérmelo, pero soy nueva en esto. Aún estoy practicando -alzó el rostro y sus labios brillaron al captar la luz-. Dime la verdad. ¿El maquillaje es exagerado?
– Cielos, no, está bien -pensó que estaba demasiado bien, pero no lo dijo.
– Ahora estás siendo amable, pero no te creo. Tú forma de mirarme esta mañana cuando entré…
– ¿Qué? No -«Ay, señor», pensó. Ella parecía a punto de llorar. Nunca había llorado antes.
– Pensé que podría hacerlo. Otras mujeres lo hacen, ¿por qué yo no? -se puso en pie y paseó por la habitación-. Creí que había sido sutil. ¿Parezco una tonta?
– No, en…
– Puedes ser sincero.
– Estoy siendo…
– La idea fue una locura desde el principio -masculló ella, apoyando la espalda en la pared-. Puedo hacer operaciones matemáticas complicadas de cabeza, pero no sé nada de seducción.
