Algis Budrys

¿Quién?

CAPITULO I

Era cerca de medianoche. El viento soplaba del río, Gimiendo bajo los puentes de hierro afiligranado, y las veletas en forma de gallo que había sobre los oscuros y viejos edificios tenían la cabeza apuntada hacia el Norte.

El sargento de la Policía Militar había alineado a sus hombres de la escuadra de recepción a ambos lados de la calle empedrada. Bloqueando la calle había una puerta con portillo de cemento y una barrera de madera a listas negras y blancas. Los faros de los super-jeeps de la PM y los del sedán del Gobierno de las Naciones Aliadas arrancaban destellos a los sólidos cascos contra motines de los hombres de la escuadra. Sobre sus cabezas había un cartel de luces fluorescentes:


ABANDONAN LA ZONA ALIADA
ENTRAN EN LA ZONA SOVIÉTICA

En el aparcado sedán, Shawn Rogers esperaba junto con un hombre del Ministerio de Asuntos Exteriores del G.N.A. Rogers era jefe de seguridad de aquel sector del G.N.A. para administrar el distrito fronterizo de la Europa Central. Esperaba pacientemente, sus verdes ojos con expresión de melancolía en la oscuridad.

El representante del Ministerio de Asuntos Exteriores miró su reloj de pulsera de oro.

—Estarán aquí con él dentro de un minuto… — Con la punta de los dedos tamborileó sobre la cartera de negocios —. Si se ajustan a su plan.

—Vendrán puntualmente — repuso Rogers —. Así es como proceden ellos. Lo han retenido durante cuatro meses, pero ahora se presentarán puntualmente para demostrar su buena fe.

A través del parabrisas y sobre los hombros del silencioso conductor, miró hacia la entrada con portillo. Los guardias foronterizos soviéticos que había al otro lado —eslavos y rechonchos asiáticos con informes chaquetas acolchadas— se esforzaban en hacer caso omiso de la escuadra aliada. Se hallaban agrupados en torno al fuego que ardía en un bidón de gasolina delante de su cabaña a rayas negras y blancas. Mantenían las manos extendidas sobre las llamas. Al hombro llevaban sus metralletas de cañón protegido, y colgaban torpe y desmañadamente. Hablaban y bromeaban, y ninguno se preocupaba de vigilar la frontera.



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