Unas eran cónicas, otras truncadas, unidas entre sí por los cuellos de pequeñas cordilleras. La nieve que cubría los conos esbeltos de los montes y las crestas de las cordilleras intermedias ponía una intensa mancha blanca sobre el fondo oscuro del cielo. La noche de loma permitía trasponer sin peligro el paso estrecho de la bahía de Avacha. Recogidas las velas, elEstrella Polarpasó a poca marcha por entre las altas rocas del canal y se encontró en una ancha bahía en cuyas orillas ni una sola luz denotaba la presencia del hombre. Era más de media noche y la pequeña ciudad de Petropávlovsk descansaba desde hacía ya mucho tiempo. Las aguas quietas de la bahía lanzaban reflejos plateados a la intensa luz de la luna y, a lo lejos, al Norte, alzábase el esbelto cono del monte de Avacha, semejante a un fantasma blanco sobre el fondo oscuro del cielo. El aire estaba frío. Hubiérase dicho que Kamchatka se hallaba todavía envuelto en el sueño invernal.

Al cabo de una hora, el barco echó el ancla a unos cien metros de la orilla, junto a la ciudad dormida. El rechinar de las cadenas despertó, a los perros y el silencio nocturno fué roto por unos ladridos, a los que, sin embargo, ninguno de los vecinos prestó atención. Se conoce que aquel concierto, de tan repetido, era un fenómeno corriente.

Por la mañana despertaron a los viajeros las carreras y el ajetrea iniciados en cubierta. Se procedía a la carga de carbón, de agua potable y de provisiones. Todos se apresuraron a abandonar sus camarotes. El sol brillante estaba ya muy alto sobre los montes y la ciudad llena de vida.


Después de tan larga navegación, todos querían sentir bajo los pies tierra firme. Por eso desayunaron a toda prisa y aprovecharon para trasladarse a la orilla la lancha que iba a buscar provisiones. Toda la población de Petropávlovsk desde los chiquillos hasta los ancianos que apenas podían tenerse de pie, se había congregado en la orilla para ver el barco y sus pasajeros, para enterarse de las últimas noticias de la Patria lejana y de si no habían traído algunas de las mercancías que necesitaban.



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