
ABUELO
No voy a pasarme la vida encerrado aquí, esperando que me entierren, hijita. No voy a dejar que este país acabe conmigo así nomás…
ABUELA
¿Te hiciste daño? ¿Dónde te golpeaste?
ABUELO
Porque en ninguna parte se desperdicia como en el Perú a la gente que quiere trabajar. Aquí es delito ser viejo. En los países cultos es al revés. En Alemania, en Inglaterra. A los hombres de edad se les llama, se aprovecha su experiencia. Aquí, a la basura. No me conformo porque sé que rendiría mejor que un joven en cualquier trabajo.
BELISARIO
(Dejando de escribir, dejándose ganar por un recuerdo) Siempre con lo mismo, dale que dale como un cutipiojo. Eso no se te olvidaba nunca, abuelo.
Trata de volver a escribir, pero después de garabatear algunas líneas se distrae y progresivamente se interesa en lo que pasa en casa de los Abuelos.
AMELIA
Con desesperarte así no vas a resolver nada, sólo malograrte los nervios.
ABUELA
Tienes la cabeza débil, marido, entiéndelo. El médico te ha advertido que si no tomas las cosas con calma, te repetirá el ataque.
ABUELO
Mi cabeza anda muy bien ahora. Les juro que sí, no he vuelto a tener el menor mareo. (Hace un gesto de pesar.) El sombrero y el… el aparato no me importan. El reloj, sí. Lo tenía más de quince años y no se había malogrado nunca. En fin, cambiemos de tema. ¿Oyeron el radioteatro de las ocho?
ABUELA
Lo oí yo, Amelia se lo perdió por estar planchando la ropa del futuro abogado. Figúrate que Sor Fátima colgó los hábitos para casarse con el compositor…
AMELIA
Ah, mira, tienes una herida en la muñeca.
ABUELA
Atacar a un viejo, qué cobarde.
ABUELO
Me cogió desprevenido, por la espalda. De frente, hubiera sido distinto. Seré viejo, pero tengo dignidad y puedo defenderme. (Sonríe.) Siempre fui bueno peleando. En los jesuitas, en Arequipa, me decían «Chispillas», porque a la primera provocación, retaba a cualquiera. Y nadie me pisaba el poncho.
