– Ainsley -dije con voz tranquila-, cuando ha hablado con Ellie, cuando la ha visitado en su casa, ¿ha notado algo extraño en la relación con su padre?

– ¡Oh, no, por Dios! -exclamó, comprendiendo de inmediato a qué me refería. Cogió su taza de café y sus ojos azules me indicaron que esperaba otra pregunta.

Me pasé por los dientes la punta de la lengua, pensativa, mientras daba golpecitos con mi pluma en el bloc de notas.

– Entiendo que estuviera usted preocupada por el hecho de que su hermana no tuviera amigas o algún familiar de su propio sexo en quien confiar. De todos modos, no creo que eso sea un motivo para que huyera de casa. ¿Se le ocurre alguna otra razón?

– Sí -dijo Ainsley-. He preguntado a sus amigas, quiero decir, a sus compañeras de clase.

– ¿Qué le han dicho?

– Poca cosa. Se sintieron un poco avergonzadas, quizá culpables. Ellie se ha escapado y yo soy su hermana, probablemente supusieron que iba a reprocharles que no fuesen más cariñosas con ella o que no la ayudaran.

– ¿No le contaron nada más?

– Sí. Una de las chicas dijo que corrían ciertos rumores.

– ¿De qué clase?

– De que Ellie era sexualmente activa. Eso fue lo que entendí. Intenté averiguar más, pero se limitaron a decirme que eran sólo rumores. No recuerdo nada más.

– Pero me acaba de decir que Ellie no tenía novio. Eso no da mucho pie a este tipo de rumores.

– Papá la dejaba ir a fiestas hasta las tantas de la madrugada -dijo Ainsley levantando su taza, pero sin llevársela a los labios-. Él pensaba que sólo asistían chicas, pero yo sospechaba que no era así. Ya sabe, uno oye que los chicos ahora lo hacen cada vez más jóvenes… -Su voz se desvaneció, dejando lo más conflictivo en el aire.

– Bueno -dije-. Nada de todo lo que me ha comentado sirve para aclarar su desaparición.



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