
– Sí, en Thief River Falls -contestó-, que es donde vive Ellie con nuestro padre. Mi marido y yo nos mudamos cuando nos casamos. Allí continúan investigando, pero yo creo que está aquí. Me parece que se ha escapado.
– ¿Ha echado en falta alguna bolsa de viaje, alguna maleta?
Ainsley inclinó la cabeza hacia un lado, reflexionando.
– No -respondió-, pero su mochila escolar es bastante grande y, cuando revisé sus pertenencias, advertí que faltaban algunas cosas. Eran cosas que no había por qué llevar al colegio, pero que necesitaría si pensaba marcharse de casa.
– ¿Por ejemplo?
– Bueno, tenía una foto de nuestra madre -dijo Ainsley-. Mamá murió hace seis años. Fue entonces cuando yo me casé y Joe y yo nos mudamos. Ahora vive ella sola con papá.
Consideré que podía sacar información interesante de este marco general, de modo que permanecí en silencio y dejé que la situación se encauzara por sí misma.
– Ellie tenía las amistades propias de su edad. Era un poco tímida, pero tenía amigos. Sin embargo, el año pasado papá nos comentó que se mostraba algo distante. Creo que es por el cambio que ha hecho: se ha convertido en una mujer guapísima. De repente, en menos de un año, se ha transformado en una muchacha alta, completamente desarrollada y con un rostro muy hermoso. Ese mismo año ha pasado de la escuela al instituto secundario, lo que no es poco cambio. Imagino que las muchachas y los chicos habrán empezado a tratarla de otra forma.
– ¿Qué chicos?
– Desde que Ellie cumplió los trece, más o menos, comenzaron a llamarla por teléfono. Muchos eran mayores que ella. Eso preocupaba mucho a papá.
– ¿Se veía Ellie con alguien de mayor edad, con alguien que su padre no aprobara?
– No -contestó Ainsley-. Al menos que yo sepa, no salía con nadie. Sin embargo, estoy inquieta por ella. -Hizo una pausa-. Papá está cerca de los setenta. Nunca habla con nosotras de cosas de mujeres. Yo intento hacerlo con Ellie por teléfono, pero no es lo mismo. En fin, que no creo que tenga a nadie a quien pueda contar sus secretos.
