Su voz me sorprendió. Era melodiosa con acento del medio oeste. Tras las botas, las pieles, los rasgos severos y el nombre exótico, esperaba el sello de las fantasías de un masoquista: áspero, duro, europeo. También era más joven de lo que me había parecido en un primer momento. Veinticinco años, no más.

Alumbró el cigarrillo y dejó el encendedor encima del paquete de tabaco. Evelyn, la camarera, llevaba trabajando en el turno de día dos semanas, ya que había conseguido un pequeño papel en un espectáculo para comediantes aficionados. Parecía que siempre iba a bostezar de un momento a otro. Vino a la mesa mientras Kim Dakkinen estaba jugueteando con su encendedor. Kim pidió un vaso de vino blanco. Evelyn me preguntó si quería más café, y al responder que sí Tim dijo:

– ¡Oh! ¿Usted toma café? Creo que tomaré café en vez de vino. ¿Es posible?

Cuando los cafés llegaron, Kim añadió leche y azúcar, revolvió, bebió un trago y me confesó que no bebía mucho, sobre todo al empezar la jornada. Pero ella era incapaz de beber café solo como yo. Jamás hubiera podido beberlo así; tenía que estar dulce, con leche, casi como en un desayuno, y, sin duda tenía suerte ya que no tenía problemas de peso, podía comer todo lo que quisiera sin engordar un gramo; ¿no era eso tener suerte?

Dije que estaba de acuerdo.

¿Hacía mucho tiempo que conocía a Elaine? Cuatro años, respondí. Bien, ella no la había conocido durante tanto tiempo, de hecho no hacía tanto tiempo que ella estaba en Nueva York, de manera que no la conocía tan bien, de todas formas pensaba que Elaine era terriblemente simpática. ¿Y yo? Yo también, le dije. Y además era una persona inteligente, sensible, y eso es muy importante, ¿no es verdad? Era de la misma opinión.

La dejé que se tomara su tiempo. Poseía un vasto repertorio de chismes. Mientras hablaba no dejaba de sonreír y de mirarte directamente a los ojos, y habría probablemente conquistado el título de Miss Simpática en cualquier concurso de belleza donde no hubiera ganado el primer premio directamente, y si le llevaba un rato ir al grano no me importaba lo más mínimo en absoluto. No tenía ninguna otra cosa que hacer y me encontraba a gusto donde estaba.



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