El dron emitió una especie de suspiro, elevándose y descendiendo de forma mínima sobre su asiento.

Bien, eso resulta… satisfactorio concluyó. Kabe, ¿podemos seguir hablando mañana? Nos gustaría informarte a lo largo de los próximos días. Nada demasiado intenso, pero, teniendo en cuenta las desafortunadas circunstancias de nuestra relación con los chelgrianos en estos últimos años, está claro que no queremos perturbar a nuestro invitado o invitada con alguna falta de conocimiento sobre sus usos y costumbres.

Ziller pronunció un sonido similar a un ¡ja!

Por supuesto dijo Kabe a Tersono. Lo comprendo perfectamente. Kabe extendió sus tres brazos. Mi tiempo es vuestro.

Y nuestra gratitud es tuya. Ahora dijo la máquina, elevándose, me temo que hemos estado aquí de charla durante tanto rato que nos hemos perdido el pequeño discurso del avatar del Centro, y si no nos apresuramos, llegaremos tarde al evento principal de la velada.

¿Ya es tan tarde? preguntó Kabe, levantándose también.

Ziller abrió la funda de su pipa y la guardó de nuevo en su chaleco. Se desplegó de la mesa y los tres regresaron al salón de baile, justo cuando se apagaban las luces y el techo se enrollaba con un fuerte estruendo, para dejar al descubierto un cielo de nubes finas y esparcidas, multitudes de estrellas, y el centelleante halo de luz del lado lejano del orbital. Sobre un pequeño escenario situado en el extremo del salón, el avatar del Centro con la forma de un humano de piel plateada estaba de pie, con la cabeza inclinada hacia delante. El aire frío se coló entre los humanos reunidos y los demás asistentes. Todos, excepto el avatar, levantaron la vista hacia el cielo. Kabe se preguntó en cuántos lugares más de la ciudad, de toda la plataforma y de todo aquel lado del gran mundo en forma de brazalete, se estaban produciendo escenas similares.



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