
– Vamos, Bob; todos jugamos en el mismo equipo. Thornhill miró de hito en hito al joven con tal intensidad que los demás se quedaron petrificados.
– Te exijo que jamás vuelvas a pronunciar esas palabras en mi presencia -ordenó.
El joven palideció y se reclinó en la silla.
Thornhill apretó la pipa entre los dientes.
– ¿Quieres que te dé ejemplos en los que el FBI se lleva el mérito y la gloria de los trabajos realizados por nuestra agencia? ¿De la sangre derramada por nuestros agentes de campo? ¿De las incontables ocasiones en las que hemos salvado el mundo de la destrucción? ¿De cómo manipulan las investigaciones para aplastar a los demás y aumentar su presupuesto inflado? ¿Quieres que te hable de todas las veces en que, durante mis treinta y seis años de carrera, el FBI hizo cuanto pudo para desacreditar nuestras misiones y a nuestros agentes? ¿Quieres que lo haga? -El joven negó despacio con la cabeza, fulminado por la mirada de Thornhill-. Me importa un comino que el director del FBI venga aquí, me bese los zapatos y me jure lealtad eterna; no daré mi brazo a torcer. ¡Jamás! ¿Me he expresado con claridad?
– Perfecamente -respondió el joven, pugnando por no sacudir la cabeza en señal de desconcierto. Todos los presentes, excepto Robert Thornhill, sabían que las relaciones entre el FBI y la CIA eran buenas. Aunque en ocasiones se mostraba torpe en las investigaciones conjuntas ya que disponía de más recursos que nadie, el FBI no había acometido una caza de brujas para acabar con la Agencia. Sin embargo, los hombres reunidos en la sala también eran conscientes de que Robert Thornhill creía que el FBI era su peor enemigo. Por otro lado, también sabían que Thornhill había orquestado, hacía va varias décadas, varios asesinatos autorizados por la Agencia con gran celo y astucia. ¿Por qué contrariar a un hombre así?
– Pero si matamos al agente, ¿no crees que el FBI emprenderá una cruzada para descubrir la verdad? -terció otro de los hombres-. Disponen de recursos suficientes para arrasar la Tierra. Por muy buenos que seamos, jamás seremos tan fuertes como ellos. Entonces, ¿cuál es nuestra situación?
