Varios de los presentes resoplaron. Thornhill echó un vistazo alrededor con recelo. El grupo de hombres representaba una alianza más bien precaria. Eran tipos paranoicos e inescrutables acostumbrados a reservarse su opinión. Lo cierto era que unirlos a todos había sido un auténtico milagro.

– El FBI hará sin duda cuanto esté en su mano para aclarar el asesinato de uno de sus agentes y de la principal testigo de una de sus investigaciones más ambiciosas hasta la fecha. Así que lo que propongo es ofrecerles la solución que queremos que encuentren. -Los presentes lo miraron con curiosidad. Thornhill sorbió agua del vaso y se tomó un minuto para preparar la pipa-. Tras ayudar durante varios años a Buchanan en la operación, la conciencia de Faith Lockhart, el sentido común o su paranoia pudieron más que ella. Acudió al FBI y les contó todo lo que sabía. Gracias a mi previsión, nos fue posible descubrirlo. No obstante, Buchanan ignora por completo que su compañera lo ha traicionado. Tampoco sabe que tenemos la intención de matarla. Sólo nosotros lo sabemos. -Thornhill se felicitó para sus adentros por la última observación. La omnisciencia le sentaba bien; al fin y al cabo, ése era su terreno-. El FBI, sin embargo, podría sospechar que él sabe que ella lo ha traicionado o que lo descubrirá tarde o temprano. Por lo tanto, para el observador externo, Danny Buchanan sería la persona que tendría más motivos para matar a Faith Lockhart.

– Entonces, ¿cuál es tu plan? -insistió el otro hombre.

– Mi plan -respondió Thornhill con brusquedad- es bien sencillo. En lugar de permitir que Buchanan desaparezca, avisamos al FBI que él y sus clientes han descubierto la duplicidad de Lockhart y que han asesinado tanto a ella como al agente.



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