Kelley Amstrong


A Golpe De Magia

Para mi padre, por todo su apoyo y aliento.


Prologo

Todd se acomodó en su asiento de cuero y sonrió. Eso sí que era darse la buena vida: conducir su coche por la costa de California mientras la ruta se extendía ante él, sin bajar de los ochenta kilómetros por hora, a veinte grados, con un café brasileño caliente en el soporte térmico para tazas. Hay quien podría pensar que sería mejor estar cómodamente despatarrado en el asiento trasero en vez de tener que conducir el automóvil, pero a Todd le gustaba estar donde estaba. Era mejor ser guardaespaldas que necesitar uno.

Russ, su predecesor, había sido un tipo más ambicioso, lo cual podría explicar su desaparición dos meses atrás. Los comentarios vertidos en torno al bidón de agua fría de la oficina estaban muy divididos. La mitad daba por sentado que Kristof Nast se había cansado de la insubordinación de su guardaespaldas y la otra mitad opinaba que Russ había sido víctima de las ambiciones de Todd. Una hipótesis descabellada, desde luego. Y no porque a Todd no le hubiese gustado conseguir ese trabajo, pero Russ era un Ferratus. Todd ni siquiera habría sabido cómo matarlo.

Todd supuso que quienes estaban detrás de la repentina desaparición de Russ eran los Nast, pero eso no le molestaba. Cuando uno decide trabajar con el miembro de una camarilla, ya sabe a qué atenerse. Si se le ofrece respeto y lealtad se obtiene el trabajo más fácil y agradable del mundo sobrenatural. Si se les traiciona, ellos se vengarán en nuestra otra vida. Al menos, los Nast no eran tan malos como los St. Cloud. Si fueran ciertos los rumores sobre lo que los St. Cloud le hicieron a ese chamán… Todd se estremeció. Vaya si se alegraba de que…



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