Saqué el móvil de mi cartera. Cary trató de arrancármelo, pero yo lo puse fuera de su alcance. Presioné algunas teclas. Él voló por encima de la mesa, con las manos extendidas como un jugador de rugby que salta para agarrar un pase decisivo para el partido. Aparté la silla y luego me incliné hacia adelante y dejé caer el teléfono en la cartera. Cary se quedó tendido sobre la mesa un par de segundos, se incorporó lentamente, se enderezó la corbata y miró hacia todos lados, como tratando de convencerse de que no todos los presentes lo estaban mirando.

– Detesto comer y tener que salir corriendo enseguida -dije y me puse de pie-, pero tengo que ir a buscar a Savannah. Por si no lo has adivinado, la respuesta es no. No te lo tomes a mal. No es sólo porque estás casado, sino porque has estado casado mucho más tiempo del que yo he vivido.

Una risita tonta se oyó detrás de nosotros, seguida por una risa apenas disimulada. Cuando pasé por el mostrador, Nellie, la cajera, levantó discretamente los pulgares en señal de felicitación.


Savannah se acostó a las nueve y media sin protestar, después de pasar toda la tarde ayudándome con algunos trabajos gráficos para un sitio web. Sí, no sólo pasamos un rato muy agradable las dos juntas sino que ella me ofreció su experiencia artística sin siquiera pedirme -aunque fuera en broma- la más mínima compensación por ello. Fue uno de esos días perfectos que suceden una vez entre un millón, una especie de recompensa kármica por la terrible situación que me había visto obligada a vivir.

A las diez llevé una taza de té al comedor y me preparé para instalarme en el sofá hecha un ovillo, con un libro, con ganas de relajarme un rato. Al sentarme, advertí una luz titilante en el porche. Dejé a un lado mi taza de té, me incliné hacia adelante, aparté las cortinas y escruté la noche. Alguien había colocado una vela encendida en el extremo más alejado de la barandilla del porche. Brujas, velas…, ¿lo captan? Lo único que faltaba era que colgaran unicornios de cristal en el buzón. Oh, los chicos.



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