– ¿Qué quieres?

– Ha llegado una carta, señor -dijo Miles, acercándose a Phillip para darle el sobre-. De Londres.

Phillip miró el sobre, arqueando las cejas ante la escritura claramente femenina. Con un movimiento de cabeza, le dio a entender a Miles que podía retirarse, cogió el abridor de cartas y rompió el lacre. Había una única hoja de papel. Phillip la acarició. De buena calidad. Caro. Y grueso, una señal de que el remitente no tenía necesidad de ahorrar en gastos de franqueo.

Le dio la vuelta y leyó:


5, Bruton Street

Londres


Señor Phillip Crane:


Le escribo para expresarle mis condolencias por la pérdida de su esposa, mi querida prima Marina. Aunque han pasado muchos años desde la última vez que la vi, guardo un gran recuerdo de ella y me entristeció mucho la noticia de su fallecimiento.

Por favor, no dude en escribirme si puedo hacer algo para aliviar su dolor en estos difíciles momentos.


Sinceramente,

Señorita Eloise Bridgerton


Phillip se frotó los ojos. Bridgerton… Bridgerton. ¿Marina tenía primos apellidados Bridgerton? Debía tenerlos, porque una le había escrito una nota.

Suspiró y se sorprendió a sí mismo cogiendo la estilográfica y una hoja de papel. Desde la muerte de Marina, había recibido muy pocas cartas de condolencias. Al parecer, la mayoría de su familia y amigos se habían olvidado de ella desde su matrimonio. No debería estar molesto, ni preocupado. Apenas salía de su habitación, así que era fácil olvidarse de alguien a quien nunca se veía.

La señorita Bridgerton se merecía una respuesta. Era una muestra de educación y, aunque no lo fuera, y Phillip estaba seguro de que no conocía el protocolo a seguir cuando uno se quedaba viudo, parecía lo más correcto.

Así pues, respirando hondo, empezó a escribir.



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