Debo haber puesto mi desdén sobre mi cara porque mi madre me lanzó una de sus miradas legendarias de advertencia en el momento en que mis labios se abrieron para contestar (y no porque yo sintiera alguna necesidad de hacer a Mrs. Brougham sentirse más inteligente de lo que ella era), yo dije: -Supongo que uno siempre tiene un compañero.

– Pero tu hermano no está aquí ahora, – una de las chicas Brougham dijo.

– Mi padre no está siempre con mi madre, y yo imagino que ella considera que él es su compañero, – repliqué.

– Un hermano es apenas lo mismo que un marido, – Mrs. Brougham trinó.

– Uno lo esperaría, – repliqué. Cierto, esta era una de las más ridículas conversaciones en las que había participado. Y Penélope miraba como si ella tuviera preguntas para cuando volviéramos a casa.

Mi madre me lanzó otra mirada, una que decía que ella sabia exactamente que clase de preguntas Penélope haría, y ella no deseaba contestarlas. Pero como mi madre siempre había dicho, ella valoraba la curiosidad en las mujeres…

Ella sería alcanzada por su propio petardo.

Debo mencionar que, lanzamiento de petardos a un lado, estoy convencida de que tengo la mejor madre de Inglaterra. Y a diferencia de ser una no-gemela, sobre lo cual no tengo ningún conocimiento, sé como es tener una madre diferente, así que estoy cualificada completamente, en mi opinión, para emitir el juicio.

Mi madre, Eloise Crane, es realmente mi madrasta, aunque solo me refiero a ella como tal cuando es necesario por fines de aclaración. Ella se casó como mi padre cuando Oliver y yo teníamos ocho años, y estoy absolutamente segura de que ella nos salvó a todos. Es difícil explicar como eran nuestras vidas antes de que llegara a ellas. Seguramente podría describir acontecimientos, pero uno sobre todos, la sensación en nuestra casa…



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