
Decker escuchó a Ray Rogers explicar el experimento a Heller.
– Para obtener muestras para las pruebas químicas, incluidos tus análisis de sangre, emplearemos una cinta Mylar especial con un adhesivo químicamente inerte desarrollado por 3M Corporation. Se lo aplicaremos a la Sábana con una presión determinada…
– Y ¿cómo lo harás?
– Bueno -dijo Rogers mientras rebuscaba en uno de los embalajes de madera-, nuestros amigos de Los Álamos han diseñado un ingenioso aparatito que mide la presión que se aplica.
Desempaquetó el aparato y procedió a hacerle una demostración a Heller.
– Muy bonito, pero ¿cómo vas a saber cuánta fuerza aplicar? -preguntó Heller.
– Precisamente para eso estamos aquí -contestó Rogers.
Decker siguió a los dos hombres mientras se apretujaban entre los que ya rodeaban la concurrida mesa. Tras los preparativos pertinentes, Rogers hizo varias estimaciones.
– Sabemos que la Sábana tiene al menos seiscientos años de antigüedad, así que probablemente es bastante más frágil que ésta. Yo calculo que para estar, seguros deberíamos emplear, pues, aproximadamente el diez por ciento de la presión que vamos a aplicar aquí.
Era evidente que se trataba de una mera suposición, pero llegados a este punto, Decker no estaba dispuesto a ser la voz desalentadora del grupo.
– Luego retiraré la cinta de la Sábana -siguió explicando Rogers-, y montaré cada pieza en un portaobjetos, cada uno de los cuales será numerado y fotografiado antes de quedar sellado en una urna de plástico para evitar que se contamine.
* * *
El equipo prosiguió con los trabajos y el ensayo de los procedimientos durante los dos días siguientes. Decker intentó hacerse valer como miembro útil del equipo y en ocasiones olvidó su condición de periodista. Incluso llegó a preguntarse si, después de todo, no había sido un error abandonar la medicina.
