Osvaldo Soriano


A sus plantas rendido un león

A José María Pasquini Durán,

por el cónsul, por la amistad.


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Esa mañana, cuando el cónsul Bertoldi fue a visitar la tumba de su mujer, se sorprendió al comprobar que la señora Burnett no había dejado una rosa sobre la lápida. Como todos los viernes, podía verla al otro lado del cementerio, frente al mausoleo de los ingleses. Sólo que esta vez la rosa no estaba allí y la señora Burnett le daba la espalda. Pese a los 45 grados llevaba un vestido largo de cuello cerrado, que nunca le había visto, y la capelina que se ponía para las fiestas de cumpleaños de la reina Isabel. Confusamente el cónsul intuyó que algo andaba mal. Quiso correr hacia ella, pero el pantalón empapado de sudor se le pegaba a las piernas y lo obligaba a moderar el paso. Avanzó por la calle principal, a la sombra de las palmeras, y tuvo que quitarse varias veces el sombrero para saludar a los blancos que paseaban en familia. Notó que nadie le retribuía el gesto, pero estaba demasiado apurado para detenerse a pensar. Sobre las colinas alcanzó a ver, casi desteñidos por el sol, a los militares británicos que terminaban las maniobras y regresaban al cuartel.

La señora Burnett levantó la sombrilla y empezó a caminar hacia el portal. El cónsul apuró la marcha y cruzó en diagonal entre las tumbas y los yuyos. La alcanzó frente a la capilla y la saludó con una reverencia exagerada.

– Ándate, Faustino, que no nos vean juntos -dijo ella, y agregó, casi en lágrimas-: ¿Por qué tenían que hacer eso, Dios mío, por qué?

La mirada de Daisy lo asustó y lo hizo retroceder hasta la galería donde un grupo de nativos rezaba un responso. Se disculpó con un gesto respetuoso y fue a apoyarse contra la pared. Le pesaba la ropa y tenía un nudo en el estómago. Pensó que la había perdido y lo invadió una tristeza tan profunda como la letanía que murmuraban los negros frente al ataúd abierto. Miró hacia el portal y la vio subir al Rolls de la embajada. Un jeep con cuatro soldados salió de entre los árboles y fue a pegarse al paragolpes trasero del coche.



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