– He hablado con Morgan Davis -dijo Trent.

Rebecca tragó saliva y notó una inyección de adrenalina que la hizo ponerse en alerta.

– ¿Y?

– Y me ha explicado que ha habido una confusión con las muestras de semen. Están intentando averiguar cuál fue el verdadero problema. Me dijo que está muy preocupado por la reputación de la clínica y por las posibles… dificultades legales. Sin embargo, Children's Connection ha hecho tanto bien que yo le he asegurado que no los demandaré. Me dijo que tú le habías asegurado lo mismo. Así que… bueno, siento mi manera de reaccionar de ayer. No me esperaba…

– ¿Que yo estuviera embarazada, y gracias a ti?

Él parpadeó y se rió.

– Sí. Exactamente.

Rebecca sonrió sin poder evitarlo. Con aquella expresión de buen humor en el rostro, era difícil pensar que aquel hombre rico y poderoso pudiera amenazar el futuro feliz que ella había planeado para sí misma y para Eisenhower.

Sólo era un hombre, un hombre que se preocupaba por los demás, que le había llevado cajas y que sabía algo sobre embarazos. Todo iba a salir bien, pensó Rebecca, y lo dijo en voz alta.

– Todo va a salir bien.

Trent la miró.

– Sí, estoy de acuerdo. Creo que todo va a salir bien.

Rebecca le dio otro sorbo a su té, pero estaba tremendamente cansada. El libro sobre el embarazo que estaba leyendo decía que era muy común sentirse cansada durante el primer trimestre, y ella lo estaba.

– ¿Rebecca?

– ¿Sí?

Trent se acercó a ella y la ayudó a levantarse.

– Deja que te ayude. Estás rendida.

Pese a sus débiles protestas, él la llevó hasta su habitación y la ayudó a tenderse sobre la cama.

– Buenas noches, Rebecca Holley.

– Buenas noches, Trent Crosby -respondió ella-. Siento que no hayamos podido hablar más.

Pero hablarían de nuevo, porque era un hombre bueno, un hombre en quien se podría confiar y que no se entrometería en su vida y en la de su bebé si ella no quería. Y Rebecca no quería. Un gran bostezo hizo que le crujiera la mandíbula.



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