
– Quizá estaría bien que no lo olvide.
– Lo he elegido porque es una estrella en alza en el FBI. Está familiarizado con las investigaciones por fraude y corrupción -Harris hablaba con voz patricia afectada-. Tiene que aprender paciencia.
Rook tomó su vaso y dio un trago largo, sin importarle si se tragaba la condenada pepita de limón. ¿Paciencia? Había sido paciente. Había jugado durante tres semanas al juego de Harris y se había tomado en serio su historia de intriga, chantaje y extorsión en Washington. Estafas financieras, secretos sórdidos, fraude. Posible conspiración. Harris Mayer sabía los botones que debía tocar para atraer la atención de Rook.
Había llegado el momento de los resultados y, hasta la fecha, Harris no había producido nada de sustancia y Rook no podía perder más tiempo con las fantasías de un viejo que soñaba con recuperar su prestigio perdido y volver al centro del juego.
Dejó su vaso en la mesa con fuerza. Harris no pareció darse cuenta. Rook llevaba un traje gris oscuro, no uno barato, pero no tan caro como la mayoría de los demás trajes del bar, incluido el de su informador en potencia. Rook no se había puesto pajarita desde su primer año de escuela.
– ¿Esperamos a alguien? -preguntó.
– Ah. Ya estamos. El agente federal trabajando, aplicando su razonamiento deductivo a la situación -Harris se lamió los delgados labios-. Claro que esperamos a alguien.
Rook consideró meterle la pepita de limón por la nariz.
– ¿Cuándo?
– En cualquier momento.
– ¿Aquí?
Harris negó con la cabeza.
– Observe a los invitados que van por el vestíbulo hacia el salón de baile. Muy bien vestidos, ¿verdad? Yo todavía tengo mi esmoquin, pero hace tiempo que no lo uso.
Rook no hizo caso de las quejas del viejo. La mesa elegida por Harris ofrecía una vista estratégica de todos los que había en el bar, así como de todos los que pasaban por el brillante vestíbulo. Unos doscientos invitados se congregaban en el salón de baile para un cóctel en beneficio de una organización literaria. Rook había reconocido a cierto número de invitados poderosos pero ninguno mezclado, hasta donde él sabía, en actividades criminales.
