
En las horas de convivencia familiar no daba un paso sin ellos.
Era una figura cotidiana para todos los amigos de los chicos, entre los que tenía buena reputación.
A Page no le extrañó que se hubiera ofrecido a llevar la pandilla al cine y al restaurante Luigi's.
De hecho, sus dos hijos mayores no eran ya tan niños, pues estaban en edad universitaria, y Chloe tenía los mismos años que Allyson.
Había cumplido los quince en Navidad y era tan guapa como Allie, aunque muy diferente.
Ella era menuda y había heredado el pelo moreno de su madre en combinación con la piel clara del padre y sus ojos nórdicos, grandes y azules.
Los padres de Trygve eran ambos noruegos, y él mismo vivió en aquel país hasta los doce años.
No obstante, en la actualidad era tan americano como el pastel de manzana.
Sus amigos bromistas le apodaban Vikingo.
Thorensen era un hombre atractivo y su separación causó un verdadero revuelo entre las divorciadas de Ross, con el subsiguiente desengaño.
Absorbido por su trabajo y sus hijos, a Trygve no le sobraba un minuto para las mujeres.
Page sospechaba, sin embargo, que lo que le faltaba no era tanto tiempo como interés.
No era ningún secreto que había amado profundamente a su esposa, y también era del dominio público que, en su desesperación, ella le había engañado durante los dos últimos años antes de abandonarle.
En su juventud había sido una niña errante y jamás pudo asimilar la vida conyugal y la monogamia.
Trygve hizo cuanto le fue posible, aconsejándola y pasando por dos separaciones temporales.
Pero él quería mucho más de lo que Dana era capaz de darle.
Quería una vida real, media docena de hijos, una rutina sencilla, hacer acampadas en vacaciones.
Ella prefería Nueva York, París, Hollywood o Londres.
Dana Thorensen era todo lo que Trygve nunca fue.
