Aunque se esforzó, Dana no pudo integrarse.

A sus ojos, Bjorn representaba la supina vergüenza y decepción.

Al final, todos se fueron apartando de aquella mujer, de aquel espíritu iracundo que bramaba contra un destino que ellos no juzgaban tan horrible.

Sus hijos eran estupendos, incluso Bjorn poseía una dulzura muy personal.

Y Trygve era un marido más que envidiable.

Sin embargo, a nadie le sorprendió que Dana empezara a tener frecuentes idilios.

No parecía importarle que los demás lo supieran, y menos aún su propio marido.

Quería incitarle a romper.

Cuando finalmente fue ella quien cortó, todo el mundo se sintió aliviado salvo Trygve, que se había dejado arrastrar por la corriente año tras año, fingiendo ante sí mismo que no era tan grave.

Se contaba embustes que sólo él creía: “Se acostumbrará…

Fue duro para ella renunciar a su carrera…

Dejar Hollywood supuso un gran golpe…

Si le cuesta más que a otras mujeres adaptarse al matrimonio es por su innata creatividad…

Desde luego, lo de Bjorn la trastornó muchísimo…".

A lo largo de diecinueve años no había cesado de elaborarle excusas, y cuando ella decidió abandonarle apenas pudo creerlo.

Aunque, para su sorpresa, fue el fin de un sufrimiento constante.

Y todavía le asombró más comprobar que' no sentía el menor deseo de reincidir, de arriesgarse a sufrir por otra mujer.

Tomó plena conciencia de lo mal que lo había pasado.

No volvería a casarse, ni iniciaría una relación seria.

Al principio ni siquiera le apetecía salir.

Todas las mujeres que conocía en la ciudad se le antojaron aves de presa, buitres a la espera de carnaza, y no tenía la mínima intención de convertirse en su próxima víctima.



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