
Era feliz con sus hijos y así se quedaría.
– No ha tenido ninguna novia, o una pareja más o menos fija, desde que se fue la madre de Chloe hace ya más de un año -dijo Allyson-.
Reparte su tiempo entre sus hijos y los artículos sobre política, pero a esto último se dedica sólo por las noches.
Chloe me ha contado que está escribiendo un libro.
La verdad es que le encanta salir con nosotros.
él mismo lo dice.
– ¡Ya podéis estar contentos! Pero es posible que un día de éstos conozca a una persona un poco más…
¿cómo lo diría?…
un poco más madura con quien compartir sus veladas.
Page sonrió al ver que Allyson se encogía de hombros.
La muchacha no podía imaginarse a Trygve Thorensen buscando otras compañías.
Sus hijos siempre habían sido el principio y el final de su existencia.
A Allie no se le ocurrió pensar que no sólo les había cuidado porque les quería y deseaba estar con ellos, sino porque era una manera de eludir el vértigo de un matrimonio desgraciado.
– Además, al señor Thorensen también le gusta salir con Bjorn.
Ahora mismo le está enseñando a conducir.
– Es un hombre excelente.
Page terminó de lavar la ensalada, la escurrió y la puso en un cuenco, mientras Allyson comía una manzana.
– Por cierto, ¿cómo está Bjorn? Hacía tiempo que no le veía.
La enfermedad del chico era más benigna que en otros casos, pero aun así tenía claras limitaciones.
– ¡Fantásticamente! Juega a béisbol todos los sábados y ahora se ha apasionado por los bolos.
Page tuvo un escalofrío sólo de pensarlo.
¿Cómo podía afrontarse una situación semejante? En cierto sentido comprendía que Dana Thorensen se hubiera derrumbado, aunque su conducta posterior fue imperdonable.
No eran amigos íntimos, pero conocía a Trygve Thorensen desde hacía varios años y le caía bien.
El pobre hombre no merecía tantas desdichas, ni él ni nadie.
