
Andrew tenía una mata de pelo de color pajizo idéntico al de ella, sus mismos ojos azules y grandes, la tez también de tonos cremosos, salvo que la del niño estaba trufada de pecas-.
Me ha dejado impresionada aquella pelota que has atrapado en el outfield.
Temía que os marcaran una carrera a la base.
Siempre le acompañaba a los partidos, a las representaciones teatrales de la escuela y a las excursiones campestres con la clase o con los amigos.
Lo hacía porque le encantaba y por lo mucho que le quería.
Andy lo sabía.
– Yo también he creído que nos sacarían un punto -dijo, e hizo una mueca enseñando las encías allí donde hasta pocos días antes se asentaban los dos incisivos-.
Estaba seguro de que Benjie terminaría todo el circuito.
– Emitió un cloqueo en el momento en que dejaban el puente para entrar en el condado de Marín-.
iPero no lo ha conseguido! Page rió.
Habían pasado un rato muy agradable.
A ella le habría gustado que Brad les acompañase, pero todos los sábados jugaba al golf con sus socios.
Constituía una buena oportunidad para relajarse y ponerse al día sobre sus respectivas actividades.
Era poco usual que pasara con ella una tarde de sábado.
Y, cuando lo hacía, siempre había algún asunto que atender, como los partidos de Andy o las competiciones de natación de Allyson, que solían celebrarse en los sitios más apartados.
O asistían a estos encuentros deportivos, o bien el perro se hacía daño en una pata, aparecían goteras en el techo, se reventaba una tubería o había que solventar alguna urgencia doméstica.
Desde hacía varios años ya no existían los sábados ociosos.
Page se había acostumbrado, y siempre que podían Brad y ella le robaban unas horas al tiempo, por la noche cuando los niños dormían -en el ínterin entre los viajes de negocios -, o incluso en los excepcionales fines de semana en que se escapaban los dos juntos.
