¿Sobreviviría yo en esas condiciones?

— No.

— Pero podrías advertirme a tiempo para huir de ellas.

— Creo que sí. Claro que hay variantes…

— Ya sé que hay variantes, maldito seas. ¿Quieres meterme en donde tenga que atrapar dos docenas de globos para que me ayuden a escapar?

— Dos docenas no bastarían, y tal vez tuvieses dificultades para conseguir su colaboración…

— Basta. Sabes de sobra cuándo soy un imaginativo.

— Nunca estoy seguro de ello. Era mucho más fácil juzgar a tu esposa…

— Calla.

Faivonen anduvo en silencio dos o tres kilómetros. Al cabo de cinco minutos, comprendió que Beedee había realizado un trabajo competente al cambiar de tema, y que él todavía ignoraba qué riesgos corría, pero no veía la necesidad de insistir sobre aquel asunto, y estaba seguro de que el diamante no querría correr ningún peligro con su transporte. Poco a poco se sosegó, hasta el punto de prestar atención a su misión.

La escarcha se fundía por el lado más próximo del valle, bajo el brillo fulgurante de los soles gemelos, un resplandor reducido por el hecho de que uno de ellos eclipsaba al otro. Argo, el verdadero manantial calorífero de su satélite, estaba demasiado bajo para ayudar en algo, aunque un ligero recodo del valle no hubiese bloqueado su radiación del suelo del valle, a varias decenas de kilómetros de distancia.

Cuando finalmente volvió a hablar con Beedee, no fue respecto a los riesgos personales.

¿Cuánta información útil crees que podemos conseguir recorriendo cien kilómetros más? Suponiendo que esto sea posible, claro — preguntó Faivonen —. Ya tenemos una idea acertada de la geología local sin necesidad de excavar, y aún mejor respecto a la ecología y la biología. Naturalmente, cualquier información adicional siempre servirá, en esto estoy de acuerdo contigo, aún cuando no te haya atosigado para obtener más detalles precisos. Pero dime, por favor, ¿no hemos llegado ya al punto en que es necesario regresar y comunicar todo lo que hemos averiguado?



24 из 34