Beedee accedió a la demanda y ambos atravesaron otra docena de kilómetros sin más incidencias que la fusión de la escarcha y el cumplimiento de la profecía de Beedee respecto al ensanchamiento del valle. Finalmente se detuvieron a descansar. No tenían nada que comer, aparte del «queso», puesto que no había vida animal; pero Faivonen encendió fuego, y con un poco de molestias excavó un hoyo para no dormir en el helado suelo. El viento empezó a contender con el calor de la manta y el saco de dormir. Los globos flotaban a gran velocidad, chocando a veces contra los arbustos.

— ¿Supones que llegan tan lejos a causa de la baja temperatura? — inquirió el hombre.

No son razones físicas tan simples. Una masa de hidrógeno u otro gas ligero sufriría la misma elevación en una atmósfera determinada a cualquier temperatura. Esos globos no se han achicado, al parecer, y un descenso de la temperatura para cierto volumen, compartido por la atmósfera ambiental, aumentaría la elevación. Naturalmente, si esas cosas pueden alterar la presión interna por medio de la contracción muscular de sus bolsas o hacer algo semejante para elevar la temperatura interna, la serie de respuestas posibles queda grandemente ampliada. Sería interesante y útil el examen detenido de una clase de esos globos.

— ¿No se ha hecho ya?

— Si se ha hecho, nadie me lo ha comunicado. Esos globos quedaron relegados a segundo término cuando se supo que no eran comestibles. Por mi parte, no aprobaría esta elevación.

— Claro que no. Bien, lo investigaremos si podemos. Tú, vigila; yo voy a dormir algunas horas.

Faivonen se colocó los anteojos.

Se despertó cinco o seis horas más tarde, terriblemente enfriado. Manteniéndose lo más abajo posible del hoyo que había cavado, donde el viento soplaba con menos fuerza, aunque seguía molestando, Faivonen colocó encima de los restos de la hoguera la mayor parte del combustible que había amontonado junto al hoyo para resguardarse del viento, y la encendió. Cuando llameó, se sentó para que el calor penetrara mejor en su cuerpo. Entonces, la voz de Beedee… no, ¡la voz de Ruta!. sonó de pronto.



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