Había también una especie de motas; Faivonen vio que eran globos, que flotaban por encima del bióxido de carbono y se elevaban cuando los alcanzaba la nube. Parecían completamente indefensos.

Faivonen empezó a experimentar dolor en sus extremidades y sintióse tentado de abandonar parte del equipo, pero pensó que, si lograba mantener aquel paso, no tardaría mucho en estar a salvo.

El borde del frente a nivel del suelo ya había pasado por debajo de él. El valle, a su derecha, estaba oculto por una capa neblinosa y blanquecina cada vez más aguda y más opaca. La hoguera ya no se distinguía a simple vista.

Elisha… a tu derecha, a diez metros… una chimenea. ¡Métete dentro'.

¿Por qué? Preguntó Faivonen torciendo hacia la dirección indicada, aunque sin comprender el motivo. Estará llena de gas, como el resto del valle dentro de poco, y no creo poder trepar por ella más deprisa.

Probablemente no, pero presiento turbulencias en los bordes. Allí, el gas está mezclado con el aire y será respirable por más tiempo. Inténtalo.

Faivonen no tenía nada que perder, aunque pensó que la escalada por el interior de la chimenea resultaría más lenta, pese a conocer bien la técnica.

Mantente lo más cerca que puedas le instruyó Beedee Habrá oxígeno más tiempo. Y unos sesenta metros más, nos salvarán de todo peligro.

Yo…

¡No hables ¡Calla y sube!. Acabo de recordar otro factor importante: el lago gaseoso que alimenta al río no debe enturbiarse por la influencia de las mareas, sino que se expande térmicamente a medida que avanza la primavera.

Faivonen miró atrás y abajo y vio que los copos de nieve se hallaban muy cerca de sus pies.

Veinte metros y estaremos relativamente a salvo. Allí hay un reborde…



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