
También recordó detalles de una situación parecida que había visto más adelante, cuando estudiaba meteorología: el corte seccional de un frente frío.
De repente supo lo que debía ser y redobló sus esfuerzos de escalada. Maldeciría su miopía más tarde, cuando recobrase el aliento.
Beedee jadeó —, supongo que ésta era tu solución. Pero no acertaste bien el tiempo.
No podía acertarlo. La región que está más allá de nuestra vista debe de ensancharse y formar una hondonada, pero no poseo datos sobre las dimensiones de tal hondonada. El enturbiamiento del gas denso bajo la influencia de las mareas tiene un período natural que no pude calcular, aunque los cambios observados en los vientos del valle eliminaban muchas posibilidades. Debía de haber efectos de embudo en varios lugares del valle, imposible de evaluar. También debe haber algún momento crítico, cuando llega la primavera, y cuando el contenido de la hondonada no sólo se vierte a cierta distancia del valle sino que inicia un efecto de sifón. Confío en que no se trate de este momento. Cuando ocurre, tiene que soplar un viento alto y continuo de bióxido de carbono hacia el mar, lo cual es sin duda la causa de la erosión peculiar observada desde el principio.
Supuse lo del CO2 cuando vi lo bien definida que estaba la parte superior del río gaseoso. Es el frente más frío que he visto en mi vida…
No malgastes el aliento hablando. Creo que has analizado correctamente la situación, pero tendrás que remontarte más alto que ese gas, o te ahogarás. Probablemente ya comprendes como yo de qué modo se formó, pero éste no es el momento adecuado para discutirlo. ¡Sube!
Está bien. Pero no emplees más la voz de Ruta, por mucho que desees llamarme la atención.
Beedee no replicó, y Faivonen continuó trepando y echando furtivas ojeadas al río de gas helado que se acercaba. Su frontera estaba claramente marcada por el agua que se congelaba en el aire al tocarla. Por en medio se divisaban diminutos copos de nieve, dando a toda la masa un aspecto brumoso desde cierta distancia.
