El globo no me sostendrá — gimió el diamante, débilmente.

Te sostendrá en el bióxido de carbono. Intenta calcular qué viento te arrastrará. Seguro que hacia el lado frío… que tanto deseas ver y estudiar.

Faivonen empujó el globo fuera del reborde con el pie.

Gracias, Elisha la voz era más débil. pero perceptible aún. Empiezo a entender a los seres humanos. Esto es lo que yo esperaba que hicieras. Según la velocidad del glaciar, regresaré entre tu gente dentro de unos milenios. Sí, seguro que seré arrastrado hacia el lado frío. Bien, soy el vencedor. Naturalmente, si esos globos poseen el medio de regresar, tardaré menos en estar entre los hombres. Lamento que tú no puedas estar presente. Ah. Has resultado casi tan interesante como tu esposa. Y claro, si regreso dentro de unos meses y no dentro de milenios, no te aconsejo que esté aguardándonos tu informe sobre mi conducta antihumana.

La voz calló. Faivonen vio cómo el globo iba flotando sobre el valle. Luego, se acercó al extremo del reborde más cercano a la chimenea, cogió la cuerda y el garfio y los aseguro a una mata.

Inició el descenso.

¿Qué haremos sin el diamante? se horrorizó Sullivan.

— Muy sencillo. Nos hemos quedado — respondió Faivonen — sin calculadores, aviones, radios y todo eso que decidimos eliminar hasta que pudiéramos construirlos con materiales locales. Esta embarcación es la prueba de lo que somos capaces de fabricar. La joven generación decía que, teniendo a Beedee como archivo, no hacía falta aprender a leer y escribir. Beedee era, en realidad, nuestro fracaso. Y tú lo sabes.

— Yo lo sé. Pero otros no. Y querrán lincharte por haber echado a perder todos los datos reunidos acerca de Medea en esos veinte años. Ah. No podremos sobrevivir sin esos datos.



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