
– Suficientemente bien. Las preguntas y sus respuestas. -
Dinero de la familia, pensó. Educado en Yale. Termina como un policía de Ilegales en Nueva York. Interesante. Un cónyuge y un matrimonio de veinte años, elogios y honores en el trabajo. Ascendido a capitán. Todo lo que dijo de él ya lo sabía. Sólido.
Ahora bien, este policía sólido que apenas conocía, la había solicitado expresamente como primaria en la investigación de la muerte de su única hija. ¿Por qué? se preguntó.
Ella se lo iba a preguntar.
Cuando llegó a la dirección, estacionó detrás de un negro y blanco. Mientras colocaba la luz de servicio, le dio una mirada a la casa. Buen lugar, pensó, y salió para buscar su kit de campo. Y, a pesar de que corría el riesgo de abusar de la palabra, le pareció sólida.
Una construcción de las Pre-guerras urbanas, muy bien rehabilitada por lo que mantenía su carácter, mostrando algunas cicatrices. Parecía digna, pensó, el ladrillo rosa, el corte cremoso, las largas ventanas -actualmente protegidas -con pantallas de privacidad, cada una.
Macetas de coloridas flores montaban guardia a cada lado del corto tramo de los escalones de piedra, un bonito toque, supuso ella. Pero estaba más interesada, cuando se acercó y cruzó la acera, en la seguridad.
Cámaras completas, pantallas de visualización, la placa para el pulgar, y ella habría apostado que tenía cerraduras activadas por reconocimiento de voz. Un policía, y en particular uno con un buen criterio, se aseguraría de proteger su casa y todo, todo el mundo en ella.
Y aún así su hija adolescente fue asesinada adentro.
Uno nunca podía cubrir todas las bases.
Tomó su insignia de su bolsillo para mostrarla al uniformado en la puerta, entonces la enganchó a su cintura.
