Al aumentar la población y agravarse las malas condiciones higiénicas, se construyó la ciudad nueva, de una elegancia georgiana, como un reto a aquella ciudad vieja y a quienes no podían permitirse el traslado. A Rebus le intrigaba que, mientras que Philippa Balfour había elegido vivir en la ciudad nueva, David Costello hubiera optado por la vieja.

– ¿Está en casa? -preguntó.

– ¿íbamos a estar aquí de plantón, si no? -respondió Connolly mirando fijamente a su compañero, que se servía sopa de tomate de un termo. Distante olió el líquido con recelo y dio un trago-. Mire, quizás usted nos venga como anillo al dedo.

– ¿Ah, sí?

– Sí, para zanjar una discusión sobre Deacon Blue. «Wages Day», ¿es el primer disco o el segundo?

– Sí, ha sido una noche tranquila -dijo Rebus sonriendo-. El segundo -añadió tras pensarlo un instante.

– Me debes cincuenta libras -le recordó Connolly a Distante.

– ¿Os importa que haga una pregunta? -dijo Rebus agachándose y sintiendo crujir las rodillas.

– Adelante -concedió Connolly.

– ¿Qué hacéis si necesitáis mear?

Connolly sonrió.

– Si Distante está dormido, lo hago en su termo.

A Distante le salió el buche de sopa por la nariz. Rebus se puso en pie y sintió que la sangre le bombeaba las sienes; aviso a navegantes: resaca de fuerza diez a la vista.

– ¿Va a entrar? -preguntó Connolly.

Rebus volvió a mirar hacia el piso.

– Me lo estoy pensando.

– Es que tenemos que tomar nota.

– Lo sé -dijo Rebus asintiendo con la cabeza.

– ¿Viene de la fiesta de despedida de Watson?

– ¿Por qué lo dices? -preguntó Rebus volviéndose hacia el coche.

– Bueno, porque ha bebido, ¿no? Quizá no sea el momento más indicado de ir a ese piso…, señor.



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