
– ¿Está en casa? -preguntó.
– ¿íbamos a estar aquí de plantón, si no? -respondió Connolly mirando fijamente a su compañero, que se servía sopa de tomate de un termo. Distante olió el líquido con recelo y dio un trago-. Mire, quizás usted nos venga como anillo al dedo.
– ¿Ah, sí?
– Sí, para zanjar una discusión sobre Deacon Blue. «Wages Day», ¿es el primer disco o el segundo?
– Sí, ha sido una noche tranquila -dijo Rebus sonriendo-. El segundo -añadió tras pensarlo un instante.
– Me debes cincuenta libras -le recordó Connolly a Distante.
– ¿Os importa que haga una pregunta? -dijo Rebus agachándose y sintiendo crujir las rodillas.
– Adelante -concedió Connolly.
– ¿Qué hacéis si necesitáis mear?
Connolly sonrió.
– Si Distante está dormido, lo hago en su termo.
A Distante le salió el buche de sopa por la nariz. Rebus se puso en pie y sintió que la sangre le bombeaba las sienes; aviso a navegantes: resaca de fuerza diez a la vista.
– ¿Va a entrar? -preguntó Connolly.
Rebus volvió a mirar hacia el piso.
– Me lo estoy pensando.
– Es que tenemos que tomar nota.
– Lo sé -dijo Rebus asintiendo con la cabeza.
– ¿Viene de la fiesta de despedida de Watson?
– ¿Por qué lo dices? -preguntó Rebus volviéndose hacia el coche.
– Bueno, porque ha bebido, ¿no? Quizá no sea el momento más indicado de ir a ese piso…, señor.
