

Rachel Gibson
Ahora Y Siempre
1
Brina MacConnell deslizó los pies dentro de los zapatos de tacón de doce centímetros que parecían gritar “¡bésame el culo!” y se abrochó las pequeñas tiras en los tobillos. Los zapatos eran de ante rojo y parecía que los había encontrado en el armario de una puta bien vestida. Brina adoraba esos zapatos que hacían que llegara a medir casi un metro y setenta centímetros. Hacían que sus piernas parecieran largas y delgadas -algo con lo que toda bajita soñaba y que todas las chicas altas tenían garantizado.
Se puso en pie y con la agilidad de una mujer acostumbrada a balancear su peso sobre tacones de aguja se dirigió al espejo. Posó las manos sobre las mariposas de su estómago y se miro críticamente desde la punta de los pies hasta la oscura cabellera. La invitación indicaba un vestido semiformal de cocktail y el suyo rojo sin mangas era perfecto. Era simple y básico y se ceñía a las curvas que desarrolló después del instituto. Su pelo de color chocolate se rizaba suavemente hacia la mitad de su espalda, se había pintado los labios de un profundo color rojo y delineado los pardos ojos con el perfilador. Tenía un aspecto dramático y un poco exótico y la mayor parte del tiempo estaba contenta con la mujer en la que se había convertido. Salvo esa noche. Esa noche cuando se miraba a sí misma, veía a la pequeña, plana y esmirriada adolescente a la que sus compañeros de clase llamaban «duendecillo». Por supuesto, eso solo había sucedido cuando se acordaban de ella, la mayor parte del tiempo sólo la ignoraban, como si nunca hubiera existido.
Brina se dirigió a la mesilla de noche y tomó la invitación que había sido enviada a su oficina de Portland. Las palabras Instituto Gallinton Clase de 1990 estaban impresas en la parte de arriba de la hoja. Los eventos del fin de semana estaban ordenados en la parte de abajo, empezando con el cocktail
