y baile de esa noche. La reunión terminaba con la comida del domingo.

Brina no se sorprendió de que el grupo del comité de la reunión del instituto hubiera elegido el fin de semana de año nuevo, en lugar de uno más tradicional en algún mes del verano. El pequeño pueblo del Gallinton Pass vivía de la temporada de esquí y no podía recomendar nada más que la promesa de la mejor nieve en polvo, el pueblo parecía estar cerrado en verano. Con el intento de atraer al mayor numero de dólares de los turistas posibles, Año Nuevo en Gallinton Pass era siempre un gran acontecimiento.

En algún lugar de la sala de baile, los compañeros de Brina ya se habían empezado a reunir desde hacía más de media hora. Se graduaron 78 en su curso y se preguntaba cuántos aparecerían.

Sabía de alguien que no lo haría, su mejor amiga desde noveno grado, Stephanie, quien ahora vivía en el este de Texas y acababa de dar a la luz a su segunda hija. No había forma de que dejara a su recién nacida, y traerse a un bebé hasta Gallinton no era una opción que Stephanie siquiera considerara. No para visitar a un grupo de chicos que más bien la había ignorado a ella también.

En Gallinton Pass no existía la clase media. Había ricos y no-ricos, y no había muchos entre ambos. Estaban los que poseían un negocio en el pueblo y los que trabajaban para ellos. Brina y sus amigos habían pertenecido a los últimos.

La invitación se le cayó de las manos a la cama. Estaba comparando y lo sabía. Era una investigadora privada en la firma de Cane, Foster y Morgan. En su vida profesional buscaba a personas desaparecidas que no querían ser encontradas y se desenterraban hechos que mejor hubiera sido dejar enterrados. Al principio investigaba infidelidades pero ahora pasaba casi todo su tiempo buscando personas y cosas desaparecidas o fraudes de seguros. En más de una ocasión se tuvo que enfrentar a padres que no querían pagar por la manutención de sus hijos o esposos que querían seguir desaparecidos.



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