
Iain Banks
Aire muerto
Para Roger
Gracias a Mic y Brad
1. MANZANAS Y BOMBAS
—Me estoy quedando sin cobertura…
—¿Perdón?
—Da igual.
—¿Qué?
—Hasta luego.
Cerré el móvil.
Esto fue tres semanas antes del asunto del club Clout y Raine (perdón; el asunto del club Clout y «Raine») y el taxi y la carretera por debajo del puente ferroviario y la ventana y el incidente del puñetazo en la nariz y básicamente de toda la experiencia de la noche truculenta del West End al East End cuando comprendí que no sé qué malnacido o malnacidos quería o querían hacerme daño de verdad o incluso —y de acuerdo con sus propias amenazas— matarme.
Todo lo cual ocurrió no muy lejos de aquí (donde estamos empezando, donde iniciamos nuestra historia precisamente porque fue como el principio y el final de algo, un momento en el que todo el mundo sabía exactamente dónde estaba), todo ello probablemente a la vista, si no a un tiro de piedra, de este presente que destacamos. Quizá; no hay posible marcha atrás para comprobarlo porque el lugar desde el que empezamos ya no existe.
En fin, asocio lo que ocurrió en un sitio con lo que ocurrió en el otro, con cosas que empiezan y cosas que acaban y —como la primera pieza en una de esas impresionantes pero irremediablemente enfermas composiciones de dominó que baten récords mundiales y que la gente monta en canchas deportivas en las que un minúsculo acontecimiento desencadena toda una cascada de ramificaciones en abanico de derribos de varios acontecimientos minúsculos que acontecen tan rápido y seguido que se convierten en un único gran acontecimiento—, sencillamente y en general, con cosas que se ponen en marcha, que son propulsadas de su estado de reposo a un movimiento inquieto, temerario y creciente.
